sábado, 16 de mayo de 2015

Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida...


Seguimos investigando entre compañeros sobre la vida y obra de Enrique Santos Discépolo, buscando fundamentos histórico-políticos al porqué de nuestra identificación y afinidad con sus ideas e imágenes. Quién es Discépolo? ¿De qué nos habla? 
Llegamos así a un ensayo de Osvaldo Vergara Bertiche, titulado "Discepolismo, ensayos filosóficos en tiempo de tango", del cual queremos compartir un fragmento.

Hablar o escribir sobre la vida y obra de Enrique Santos Discépolo, es hacerlo sobre el más "maldito" entre los malditos de la historia argentina. 
¿Por qué "maldito"? Porque con este nombre, Don Arturo Jauretche designó a aquellos argentinos "condenados al silencio y al olvido por la superestructura cultural"; superestructura manejada por la clase dominante y productora de "zonzos en serie". 
"Malditos"... porque fueron quijotes que tuvieron la osadía, el coraje, la valentía de elevar sus voces contra los "mitos consagrados". 
"Malditos"... porque se negaron a la complicidad con intelectuales que lograban fama por "lamer las propias cadenas que los esclavizaban". 
"Malditos"... porque nunca participaron de los ilustres cenáculos de la época, a pesar de tener más luces que muchos otros mediocres que ocupaban el escenario. 
"Malditos"... porque todo se les negó para impedir que con sus ideas concurriesen a construir una cultura nacional que cuestionara aquella otra cultura, la antinacional, implementada como reaseguro del coloniaje económico y político imperante.
Pero fueron "malditos", porque el pueblo argentino en su incesante descubrimiento de la realidad nacional, paso a paso, fue derrumbando esa cultura oscurantista y reconoció a los que abrieron picadas en la maraña de la confusión organizada.
Enrique Santos Discépolo fue uno de esos "malditos" que escapó, como escapan lo juglares, y sus letras se hicieron presente en las conversaciones de las esquinas, en las radios camioneras de la madrugada, en el tarareo del transeúnte preocupado y en el silbido compañero del que está solo y espera.
Un "maldito" que escribió ensayos filosóficos en tiempo de tango y para todos los tiempos. Es, Discépolo, el mayor filósofo popular argentino del Siglo XX. 
Plumíferos, o escribas, (al decir de Sarmiento - utilizando un vocablo inserto en el diccionario castellano - los "cagatinta") pretendieron expurgar su nombre de las antologías. 
No lograron silenciarlo, y entonces utilizaron otra técnica: la deformación, con el fin de esterilizar su nombre. Un Discépolo torturado, desencantado y anodino. 
Así, se ha pretendido "arrinconarlo en la mitología de la noche, meterlo de prepo en algún santuario intelectual para que algunos le recen una lacrimógena oración tanguera".
Trampa... trampa que es lo que acostumbran a tender para confundirnos en el campo de las ideas.
Trampa... porque Discépolo al igual que Homero Manzi, no fueron "hombres de letras"... hicieron "letras para los hombres". 
Discépolo hizo letras que expresaron el dolor, la frustración y la protesta de multitudes.
Discépolo percibió e interpretó las emociones colectivas 
Ese Discépolo que nos quieren robar o desfigurar dijo:
"Me di de corazón a un pueblo, porque los pueblos no engañan nunca y devuelven, como la tierra, un millón de flores por una semilla seca. Y mi pueblo me ha devuelto exageradamente la ternura que le di sin esperar su premio. En el largo y penoso diálogo de mi vida, no he tenido más interlocutor que el pueblo. Siempre estuve con él... afortunadamente con él". 

Este es el verdadero Discépolo. Y es por ello, simplemente por ello, que nos lo quieren robar o desfigurar...

(Para una lectura completa del ensayo ver: http://www.elortiba.org/discep.html)

También compartimos su último texto "Yo no lo inventé a Perón",  leído por él el 10 de noviembre de 1951, un día antes de las elecciones que concluyeran con el triunfo arrollador de Perón.



No hay comentarios:

Publicar un comentario