jueves, 9 de julio de 2015

El neoliberalismo pensado desde mi adolescencia

En el siguiente trabajo, realizado en la materia “Estado y nuevos movimientos sociales” (FINES II)  a cargo la docente Cintia Ceruzzi, la estudiante  Jorgelina Longhi  reflexiona sobre el neoliberalismo desde su propia experiencia de vida.   
Escuela N° 7,  Vicente López.
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El Neoliberalismo pensado desde mi adolescencia
Eran días del 1 a 1, mi mamá me daba un peso para el recreo y yo decidía si compraba una Coca Cola o un “sambuche”! y otro peso para viajar obvio. A papá casi no lo veía, era chofer de remis 16 horas. El remis estaba de moda.
                En esa época la secundaria se cursaba desde los 13 a los 17. Eran 5 años en total. Una escuela muy grande y del estado obvio, tres pisos, éramos muchos!  Muchos de mis compañeros venían de barrios muy carenciados y sus papas ni si quiera les exigían que fuera a estudiar. Gracias que el preceptor sabía tu nombre. Si no entrabas a la clase nadie se enteraba. Yo llegaba con mi vincha blanca y mi guardapolvo tableado con cinturón. Estaba para la foto y me encontré con la vida misma. Afuera de la escuela el contraste de la bandita de hijos de la vagancia, que cada tanto el patrullero levantaba porque el director que se llamado Sckiner los llamaba para resolver el asunto de la basura social que se le acumulaba en la puerta.
                Así transcurrió el primer año. Pasando por alguna que otra pelea a la salida y haciéndome respetar, me eligieron de delegada de mi curso, más luego secretaria del centro de estudiantes. La política escolar comenzaba a tomar fuerza en mí y claro si cada día que pasaba gracias al gobierno, nos desaparecían materias y horas cátedra.
                En la Plaza Congreso se hacía notar una enorme carpa blanca. En el cole organizábamos sentadas en el enorme patio que teníamos y los maestros nos miraban desde el balcón, una lágrima rodaba en alguna de sus caras. Estábamos defendiendo nuestra educación.  La de todos en realidad. La tuya, la mía, la de sus hijos y su trabajo. De vez en cuando nos sumábamos a las marchas y caminábamos encolumnados y flameaba el espíritu de militancia que obviamente intentaban aplacar.
                Eran épocas de marketing; de importación; de estudiar administración de empresas como lo estaba haciendo yo. Pero en el ambiente se respiraba desocupación, cierre de fabricas, privatización de nuestras empresas nacionales dejando a miles de familias en la calle. Se estaba gestando una nueva suerte de revolución del pueblo.
   Mientras tanto los profes en la escuela, cada día más desanimados enseñaban por inercia, contagiada de esta falta de entusiasmo y por haber empezado a trabajar con sólo 16 años. Fué que dejé mi último año de escuela secundaria pendiente, para pasar a ganar 10 dólares la hora trabajando en promociones, Sin tener el secundario completo, injusticias del modelo económico, belleza reemplaza conocimiento.

                Ya en otras épocas 20 años más tarde, siendo madre de dos hermosas hijas y creyendo que lo mejor que le puedo dar a mi familia y a mi sociedad es ser una ciudadana feliz, decidí retomar mi sueño quebrantado. Me acerqué tímidamente por una publicación en Facebook, que pude ver del Fines en la oficina de empleo de Vicente López. Aire de ayuda. Entregué mis papeles y enseguida me llamaron.  Comisión 30 me dijeron, escuela 7. Y allá fui, me encontré con la educación que siempre me hubiera gustado tener. De la cual me siento parte. Escucho, debato aprendo y enseño también.
                Compartimos gratas tardes, con mis profesores y compañeros, siento que al fin encontré mi camino. Porque cuando veo que mi Estado se agranda, mi pecho se infla de orgullo.      Dadas, vividas y dolidas las consecuencias que nos dejó el neoliberalismo, que poco tenía de grandeza y mucho de mentira, hipocresía y miseria, habiendo visto al pueblo nuevamente alzado y unido con un fin común, habiendo sentido en la propia piel el vaciamiento cultural y monetario.

                Pienso que estamos en condiciones de dedicarle a este modelo de país una frase que atribuimos a otro doloroso momento, señoras y señores, niñas y niños de nuestra querida Nación,  Neoliberalismo en Argentina: "Nunca más".

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