En el siguiente trabajo, realizado en la materia “Estado y
nuevos movimientos sociales” (FINES II) a
cargo la docente Cintia Ceruzzi, la estudiante Jorgelina
Longhi reflexiona sobre el neoliberalismo
desde su propia experiencia de vida.
Escuela N° 7, Vicente
López.
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El Neoliberalismo
pensado desde mi adolescencia
Eran días del 1 a 1, mi mamá me daba un peso para el recreo
y yo decidía si compraba una Coca Cola o un “sambuche”! y otro peso para
viajar obvio. A papá casi no lo veía, era chofer de remis 16 horas. El remis
estaba de moda.
En esa
época la secundaria se cursaba desde los 13 a los 17. Eran 5 años en total. Una
escuela muy grande y del estado obvio, tres pisos, éramos muchos! Muchos de mis compañeros venían de barrios muy
carenciados y sus papas ni si quiera les exigían que fuera a estudiar. Gracias
que el preceptor sabía tu nombre. Si no entrabas a la clase nadie se enteraba.
Yo llegaba con mi vincha blanca y mi guardapolvo tableado con cinturón. Estaba
para la foto y me encontré con la vida misma. Afuera de la escuela el contraste
de la bandita de hijos de la vagancia, que cada tanto el patrullero levantaba
porque el director que se llamado Sckiner los llamaba para resolver el asunto
de la basura social que se le acumulaba en la puerta.
Así transcurrió
el primer año. Pasando por alguna que otra pelea a la salida y haciéndome
respetar, me eligieron de delegada de mi curso, más luego secretaria del centro
de estudiantes. La política escolar comenzaba a tomar fuerza en mí y claro si
cada día que pasaba gracias al gobierno, nos desaparecían materias y horas cátedra.
En la
Plaza Congreso se hacía notar una enorme carpa blanca. En el cole organizábamos
sentadas en el enorme patio que teníamos y los maestros nos miraban desde el
balcón, una lágrima rodaba en alguna de sus caras. Estábamos defendiendo nuestra
educación. La de todos en realidad. La
tuya, la mía, la de sus hijos y su trabajo. De vez en cuando nos sumábamos a
las marchas y caminábamos encolumnados y flameaba el espíritu de militancia que
obviamente intentaban aplacar.
Eran épocas
de marketing; de importación; de estudiar administración de empresas como lo
estaba haciendo yo. Pero en el ambiente se respiraba desocupación, cierre de
fabricas, privatización de nuestras empresas nacionales dejando a miles de
familias en la calle. Se estaba gestando una nueva suerte de revolución del
pueblo.
Mientras tanto los
profes en la escuela, cada día más desanimados enseñaban por inercia, contagiada
de esta falta de entusiasmo y por haber empezado a trabajar con sólo 16 años.
Fué que dejé mi último año de escuela secundaria pendiente, para pasar a ganar
10 dólares la hora trabajando en promociones, Sin tener el secundario completo,
injusticias del modelo económico, belleza reemplaza conocimiento.
Ya en
otras épocas 20 años más tarde, siendo madre de dos hermosas hijas y creyendo
que lo mejor que le puedo dar a mi familia y a mi sociedad es ser una ciudadana
feliz, decidí retomar mi sueño quebrantado. Me acerqué tímidamente por una
publicación en Facebook, que pude ver del Fines en la oficina de empleo de
Vicente López. Aire de ayuda. Entregué mis papeles y enseguida me llamaron. Comisión 30 me dijeron, escuela 7. Y allá
fui, me encontré con la educación que siempre me hubiera gustado tener. De la
cual me siento parte. Escucho, debato aprendo y enseño también.
Compartimos
gratas tardes, con mis profesores y compañeros, siento que al fin encontré mi
camino. Porque cuando veo que mi Estado se agranda, mi pecho se infla de
orgullo. Dadas, vividas y dolidas las
consecuencias que nos dejó el neoliberalismo, que poco tenía de grandeza y
mucho de mentira, hipocresía y miseria, habiendo visto al pueblo nuevamente
alzado y unido con un fin común, habiendo sentido en la propia piel el
vaciamiento cultural y monetario.
Pienso
que estamos en condiciones de dedicarle a este modelo de país una frase que
atribuimos a otro doloroso momento, señoras y señores, niñas y niños de nuestra
querida Nación, Neoliberalismo en Argentina:
"Nunca más".
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